Mitología e historia de la Isla de León

 

Mitología e historia de la Isla de León

    Entre el fárrago de leyendas a veces pueriles, a veces depravadas, absurdas las unas, basadas en hechos históricos los menos, de la Mitología recordamos hoy de propósito al más famoso de los héroes o semidioses, Hércules, hijo de Júpiter y Alamena, que se vio obligado a efectuar doce trabajos, hazañas o pruebas de valor y arrojo, de los que siempre triunfa. En uno de ellos, en el décimo, precisamente, se cuenta "La captura de los bueyes de Gerión", rey monstruoso de Erithia, el más lejano confín del occidente de Hesperia, que tenía tres cuerpos, tres vidas y por consiguiente, necesitaba morir tres veces para desaparecer. Este rey cruel guardaba avaramente a su bueyes, siendo los guardianes un perro de tres cabezas y un dragón de siete, alcanzando el héroe la victoria.

    Pues bien, esa Erithia, Erithea, Eritrea, Isla de Juno y múltiples denominaciones más recibía en tiempos fabulosos esta tierra que pisamos, la Isla de León, espacio que hoy ocupan dos ciudades: Cádiz y San Fernando. El escenario de esta lucha mitológica de héroes y titanes fue en las viejas edades geológicas un conjunto de afiladas peñas - filón o cantera, después para las construcciones locales -; arrecife azotado por las olas, entre la mar y la bahía, caños o saladares que como arterias circulatorias las ponía en comunicación. Según atinadas teorías los fangos milenarios del río guadalete al desembocar se solidificaron y unieron los escollos, apareciendo una isla partida en dos mitades desiguales: en la parte norte, la más pequeña, alzaron los codiciosos fenicios la opulenta Cadir, hoy Cádiz, y en la parte oriental es donde se halla hoy la ciudad de San Fernando, que se extiende a todo lo largo, aprovechando su mezquina anchura, del istmo que une a la Tacita de Plata con el continente.

    Como la leyenda dice que Hércules, triunfador, fue el fundador de la primitiva ciudad de la bahía, su nombre va siempre unido a Cádiz, y hasta en su escudo aparece el semidios, cubierto con la piel del león de Nerea y con la maza o clava por toda armadura.

    Por cierto que aprendí de cierto eruditísimo Jefe de Marina, que el famoso león que venció y mató Hércules, y de cuya piel se viste, no fue de Nerea, sino de Erithia, cuyas tierras alberizas, de intrincadas malezas asolaba; y por eso el llamarse este paraje Isla de León, y no del apellido de Duque de Arcos y Marqués de Cádiz, Ponce de León, señor de estas tierras por donación del Rey de Castilla.

    Enlazando la fábula con la historia, tan llena de fantasías en su infancia como la fábula misma, parece cierto que quince siglos antes de J. y ochenta años después de la guerra de Troya, fue fundada la primitiva ciudad sobre lo que hoy forma el islote de Sancti - Petri, paraje escabroso y de difícil acceso por estar rodeado de escolleras: v que al crecer la importancia de sus almadrabas. pesquería: v comercio exterior, se trasladó al actual emplazamiento de Cádiz.

    En dicha isla de Sancti - Petri al decir de varios historiadores griegos y romanos. existió un templo dedicado a Hércules, sobre sus huesos: y que Amóal. antes de la conquista de Italia, lo visitó para ofrecer sus votos. Y algo análogo se cuenta de Julio César. antes de la guerra de las Galias, señalando que había en el templo dos valiosas columnas de plata macizas, con la curiosa inscripción del precio de las mismas.

    Al encenderse la luz de la verdad sobre estas tierras, si hemos de creer al autor del "Emporio del Orbe", en dicha isla desembarcó el Apostol Santiago cuando llegó a España, iniciando sus predicaciones hasta destruir el templo pagano y consagrarlo al culto verdadero, consagrándolo a San Pedro: de ahí el nombre actual de Sancti - Petri.

    También se habla de unos astilleros, para la construcción de naves, que fundara Balbo el Menor, en un paraje cercano a Gades, llamado Neápolis, en la parte oriental de la Isla de León, posiblemente en el que después se llamó Real Carenero del Puente Zuazo o en el actual Arsenal de la Carraca.

    Arrancado de raíz el paganismo en España, y gracias a las predicaciones de los apóstoles Santiago y San Pablo y de los primeros varones evangélicos - San Hiscio fue el primer obispo de esta diócesis -, la sangre de los mártires San Servando y San Germán, durante la persecución de Diocleciano, regaron el antiguo collado Ursoniano, hoy Cerro de los Mártires, en el siglo IV; y en el siglo VII, San Fructuoso, varón venedictino, predicó la palabra de Dios, levantó dos monasterios y consiguió para Dios, y después para los altares, a Santa Benedicta, esforzada mujer gaditana.

    La ciudad de San Fernando, que ocupa como hemos dicho, la parte oriental de la Isla de León, es una población moderna, pues hay constancia de que al finalizar el siglo XVII se llamaba el Lugar del Castillo de la Puente, con poco más de trescientos vecinos. Dejando a un lado el Puente de Zuazo, ciclópea construcción seguramente romana, y el Castillo de San Romualdo, mandado construir por el Rey Sabio para defender la Isla de cualquier ataque exterior, toda la obra de fábrica de sus edificios, la alineación de sus calles, la monumental población de San Carlos, el Arsenal de la Carraca, el observatorio de Marina, no cuentan más antigüedad que la del siglo XVIII, así como sus iglesias, el Convento del Carmen y la Mayor de San Pedro y San Pablo; siendo de fines del siglo pasado la construcción de las suntuosas asas consistoriales.

    Se inició la población en los alrededores del Castillo y el Real Carenero que ya existía en 1598, y era en tiempo de los Austrias invernadero o refugio de la Flota de Indias. El restante espacio del istmo era ocupado por haciendas o caserías que los próceres gaditanos tenían para su descanso y recreo en ricas mansiones, feraces huertas y deliciosos jardines.

    En el año 1680 se inauguró el primer convento de Carmelitas Descalzos en el límite casi del camino real opuesto al emplazamiento del Poblado de la Puente, en cuyo castillo existía una mal alojada iglesia, denominada de Santa María. De ésta salió el cortejo procesional con la primitiva imagen de la Virgen del Carmen para el nuevo convento, en la mañana del 9 de noviembre del año citado.

    Se puede decir, sin caer en hipérbole, que la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo nació en estos lugares antes que la población, pues desde aquella mañana que cruzó el camino real "se hizo imán de los corazones, como un cronista de la época señalaba con santa ingenuidad.

    En tiempos de Felipe V se decretó la construcción del Arsenal en los años de la arraca, pues la experiencia demostraba ser insuficiente y poco seguro el viejo arenero, y reconocer los previsores Ministros Ensenada y Patiño el valor estratégico del nuevo lugar escogido, perdido entre el laberinto de las salinas, casi naturalmente defendido y artificiosamente oculto, llegando en los reinados de Fernando VI y Carlos III a crecer tanto en importancia, que la Real Isla de León, donde se trasladaba la capitalidad del Departamento de Marina de Cádiz en 1769, llegó a tener una población de cien mil habitantes.

    Alrededor del convento de Carmelitas empezó también a crecer la ciudad, edificándose a pesar de arbitrarias prohibiciones, y el culto a la virgen del Carmen aumentaba maravillosamente, hasta el punto de que en 1698 se había constituido la Cofradía que aún existe para dar culto a la Señora, debiéndose buena parte a ella la construcción del templo actual, inaugurado en el año 1730, y que constituye un magnífico templo con bellísimos altares del barroco español del siglo XVIII. Marinos de guerra, pecadores salineros, barqueros, todos los que viven de la mar y en ella sufren afanes y penalidades, bien pronto se postraron a los pies de la señora, u en ella encontraron protección y consuelo. Es tradicional que en los dos siglos anteriores, tan escépticos y volterianos, en el Convento del Carmen y ante su altar venerado cuando aún el los no había asomado sobre los caño, huertas y viviendas de morunas azoteas los pescadores y los hortelanos oían devotamente una misa para emprender después el trabajo en la pesca, la labor salinera o las faenas agrícolas, en su diario trajinar de sol a sol sin fiestas dominicales.

    Esa devoción de los mareantes a la Virgen del Carmen pudiéramos decir que comenzó en la Isla de León cuna del primer Arsenal de la Armada y del Primer Departamento Marítimo. El Ministerio de Marina, en 1901, reconoció oficialmente que la santísima Virgen del Carmen era la Patrona de la Marina de Guerra, que ya lo era de hecho de todos los navegantes. Y la sanidad de Benedicto XV es rescripto pontificio de 14 de Julio de 1920, atendiendo al unánime clamor popular, la declaró a sí mismo Patrona de la Ciudad de San Fernando, por considerar "que dicha imagen ya de antiguo es sumamente venerada en el convento vulgarmente del Carmen". Por ello es decir, por el doble patrocinio de la Marina de Guerra y de la población isleña, el culto a la Virgen de San Elías acompaña a todos los naturales de este confín occidental y a cuantos en él habitan algún tiempo desde aquella mañana del año 1680 que recorrió por vez primera el camino real, enseñoreándose de todos los corazones y extendiendo su protección y valimiento sobre los devotos que a Ella acuden Gallineras y Zaporito se llaman los dos muelles que el río Sancti - Petri tiene, el primero casi a pié del Cerro de los Mártires, es el aprovechamiento de un caño que, pasando el pequeño estrecho o canal del Boquerón, es decir, entre la Laja y el islote de Sancti - Petri, salen a la mar los pequeños barcos de pescadores. o por el mismo tornan con el llamado pescado de la isla. Gallineras es el verdadero puerto pesquero de San Fernando, y en estos días parece que se trata de darle la verdadera importancia que debió tener en la antigüedad. Su nombre debe ser derivado de "gallina", ignorándose si se refiere por la abundancia que debió de haber de aquellas aves de corral, o del nombre de algún pescado, pues los hay de denominaciones curiosas, bien de otros animales: vacas, arañas, bueyes, gatos, etc., bien de cargos u oficios: emperadores, clérigos, cocheros, etc., bien de instrumentos o utensilios: martillos, sierras, cofres. Cuando estos territorios eran del imperio romano, hay constancia de que los régulos, al embarcar para Tingitana, tras hacer mansión o descanso en la que hubo en la llamada hoy Huerta de Lilo, en ese pequeño puerto embarcaban. Fue por él por donde Viator, el 23 de Octubre del año 304, embarcó para África después de haber mandado matar en el Collado Ursoniano (Cerro de loa Mártires) a los Santos Hermanos de Mérida, Servando y Germán, que no quisieron renegar de la fe de Cristo; durante la más cruenta de las persecuciones, la de Diocleciano. En tiempos de la invasión napoleónica, por él, desembarcaban los españoles sus mercancías y vituallas para los sitiados de la Isla de León y de Cádiz. Era estancia de las lanchas cañoneras que tan buenos servicios hicieron durante la campaña por todo el Caño, internándose en términos de Chiclana y Puerto Real. Durante la sublevación de Riego el año 1820, también se hace mención de él y se sabe que de él salió el citado General con cuatrocientos soldados escogidos con objeto de escalar las murallas de Cádiz (que se resistía a sumarse a la sublevación) por la parte de Capuchinos, en combinación con los sublevados partidarios del movimiento liberal. Hasta hace poco veíamos las calesas antiguas cargadas de pescado de Gallineras y aún todavía, al atardecer, se ven los pescadores con los grandes esportones en la cabeza rebosantes de pescado con la boca hacia arriba, llevando ese paso rítmico y seguro para sostener el equilibrio, camino del mercado.

    Dentro de la población de San Fernando, y en el centro de lo que un día fue lo mejor y más concurrido de él, está el otro puerto o muelle de Zaporito. Algún erudito, Carpio, sostuvo que este nombre era el vocablo italiano mal pronunciado "saporito", es decir, sabroso o apetitoso. Lo más seguro es que un señor, D. Juan Zaporito, de procedencia italiana y que a principios del siglo XVIII fue Administrador de la Aduana de Cádiz, sea quien legó su nombre a este muelle, pues se dice que este señor, que vivía en Cádiz y era dueño de las huertas y terrenos próximos a él, usaba del mismo desembarcando los domingos procedente de Cádiz cuando venía a pasar sus ocios en la finca que poseía.

    Antes de tener este nombre, debió tener mucha importancia, pues era la comunicación marítima entre el Castillo de la Puente, primitivo núcleo de población, y éste que se formó posteriormente y que parece se llamó en la antigüedad almadraba de San Pedro y poblado del mismo, según se desprende de documentos del siglo XVI, una carta del Contador D. Juan López de Recalde al Obispo de Burgos, fechada en 15 de Mayo de 1521 (citada por Vavarrete), en la que se habla de una incursión de veinte fustas moras (piratas) que asolaron aquel poblado y robaron ciento veinte vecinos.

    También en la Guerra de la Independencia, jugó su papel por estar en el Caño que comunicaba Cádiz, la Carraca y la Isla de León.

    Era en el siglo XIX y quizás en el anterior por donde desembarcaba el personal de Chiclana, por ser el viaje más cómodo y barato que por carretera, e incluso mucho también de Cádiz.

    Durante más de un siglo hubo en ellos unos baños que duraron hasta hace unos treinta años, aproximadamente, concurridísimos en verano, donde se bañaban separadamente hombres y mujeres, aunque los bañadores que usaban éstas, eran más honestos que los trajes de calle que sacan hoy. Fue también puerto pesquero y es actualmente donde paran los candrays que van a cargar a las salinas. Hay también otro muelle, el Zurraque, que es un pequeño caño o muelle que desemboca en el Sancti - Petri, y que está más próximo a Chiclana que a San Fernando.

    Viejos arrecifes, pedregosos unos, sólidas canteras otras, fangosos los más, tierras alberizas, en fin, que las aguas del histórico Guadalete, al arrastrar sus lodos milenarios fueron uniendo este istmo estrecho y largo que une Cádiz con la Península.

    Dice la fábula, que Hércules, en uno de sus doce trabajos, la pisó, y venciendo a un fiero león que infundía el pavor entre sus escasos pobladores, con una clava como arma, lo venció y de su piel hizo su manto soberano. Y la historia nos dice de pueblos aborígenes, comunes a estos occidentales confines de Hespérides, y, por fin, es ya en el siglo XIII, cuando sabemos que el Rey Sabio, al arrancar del poder de la media luna estos territorios, mandó construir un Castillo que defendiera la Puente - obra de romanos, parece evidente - castillo y puente que aún existen, aunque con tristes mutilaciones. Y ya en el siglo XVI se le denomina Lugar del Castillo de la Puente; y ya sabemos que a fines del XVII era un Concejo de unos trescientos vecinos, en caseríos muy alejados unos de otros, a todo lo largo del camino real.

    Y que el primer núcleo urbano nació por el Castillo de San Romualdo guardián del Puente de Zuazo, que sobre el río San Pedro el antiguo "Pretum Herculano" - pone en comunicación a la Isla de León con toda España.

    Cuando aún nuestra ciudad se llamaba real villa de la Isla de León, y exactamente el día 25 de octubre de 1782, se mandó hacer por el Alcalde Mayor D. Antonio de Francia y Urquiola, una pesquisa detenida a fin de averiguar el derecho que pudieran tener algunos vecinos y aún forasteros para ostentar sobre las puertas de sus casas los escudos de armas solo atribuidos por las leyes del Reino a los que hubiesen sido recibidos caballeros hijos - d - algos. Indudablemente la primitiva población de esta ciudad estaba formada en su mayoría por vecinos acomodados de Cádiz que poseían es éstas sus recreos o fincas de placer. Era este rincón, feraz y delicioso entonces por el mucho arbolado, como el Tusculano o el Versalles de los ricachones que sostenían los grandes negocios con las Indias, pues es sabido que el siglo XVIII fue el de mayor esplendor de Cádiz, habiendo decaído algo Sevilla en aquel exclusivo casi comercio que sostuvo sostuvo durante el XVII. Y seguramente a su prestigio y opulencia querían sumar esos pergaminos que dan mejor lugar y sitio en la sociedad de un siglo que ya empezaba a ser volteriano. Dicha diligencia de reconocimiento de las armas en las casas de la real villa, se hizo por el Alguacil perpetuo D: José Romero y Caamaño, acompañado de su escribano, quien con fecha del 26 de octubre de 1782 rindió cuenta de ella. No debió ser el dicho Alguacil muy versado en heráldica, por cuanto que en dicho documento solo se citan las casas y nombres de los vecinos donde vieron escudos de armas, siendo entonces el número de quince, no describiendo ni uno solo de ellos. Es posible, también, en descargo de su cultura, que la diligencia no fuera más allá de la enumeración.

    Al fin del anterior auto, da fe de haber reconocido los documentos que poseían los vecinos para atestiguar su hidalguía que les diera derecho al uso de los mismos en las puertas de sus casas. Solamente ocho eran hidalgos a la luz de la legalidad. Aparte el apellido Sánchez de la Campa, los otros que se citan en la referida diligencia, no tenemos noticia que existan en San Fernando quienes hoy lo ostenten.

    Bien pocos escudos se ven hoy, y algunos, ¡Oh, profanación!, han sido blanqueados con cal, con ese poco respeto que por aquí tenemos con las piedras venerables, por ese afán inveterado de dar a toda la ciudad un matiz blanco que aunque no deja de tener belleza y la utilidad de despedir mejor los rayos solares, son muy perjudiciales a la vista, máxime en una región donde el sol luce casi constantemente y el cielo es de una limpidez inmaculada la mayor parte de los días del año.

G.G. Camoyano
Historiador  - Año 1952

http://www.iespana.es/latroja/Revista%2019.htm