Museo Naval de San Fernando
Entidad cultural de titularidad estatal periférico del de Madrid
Enclavado
en el edificio Rey Carlos III de la histórica Población Militar y Naval de San
Carlos y a la sombra del Panteón de Marinos Ilustres, encontramos el Museo
Naval de San Fernando. El edificio construido en estilo neoclásico, hoy
edificio principal de la Escuela de Suboficiales de la Armada, fue terminado en
1798 para albergar la Academia de Pilotos e Intendencia del Departamento.
El proyecto de creación de un Museo Naval nace por Real Decreto de 28 de
septiembre de 1792, dado por el entonces Secretario de Marina, Antonio Valdés y
Fernández Bazán, y según el cual el Rey tuvo resuelto establecer en la Nueva
Población de San Carlos, en la Real Isla de León, un Museo de Marina que, además
de la Biblioteca General, reúna todas las ciencias naturales que son necesarias
para la completa instrucción del Cuerpo de la Armada, y consiguiente utilidad
en ella.
El cese de Valdés, el traslado de la Dirección General de la Armada a Madrid y
los acontecimientos políticos y militares de la época dejarían sin realizar
el Proyecto.
El Museo Naval se inaugura finalmente en Madrid, el 19 de octubre de 1843, y es
también en tiempos de Isabel II cuando se promulga el Real Decreto de 25 de
septiembre de 1856, que reorganiza el Museo Naval. En su artículo 3º dice:
“Se formarán en los tres Departamentos pequeños museos con bibliotecas
exclusivamente de Marina, semejantes al de la Corte y dependientes de él”.
Pero no será hasta el 27 de marzo de 1992 cuando se inaugure el actual Museo,
como depositario de las reliquias de nuestro patrimonio marinero y con la misión
de adquirir, investigar, conservar, comunicar y exhibir para fines de estudio,
educación y contemplación, piezas, conjuntos, y colecciones de valor histórico,
artístico, científico y técnico relacionados con la actividad naval, a fin de
difundir la historia marítima de España, contribuir a ilustrar, relevar y
salvaguardar sus tradiciones y promover la conciencia marítima nacional. Sus
fondos proceden en gran parte de las dependencias de la Zona, del Museo Naval de
Madrid y colecciones particulares, y se distribuyen por un total de quince
salas. El Museo cuenta, también, con una Sala de Exposiciones para temas monográficos
que se renuevan periódicamente, para la difusión y promoción de la Cultura
Naval.
El 6 de julio de 1994 recibirá la primera
visita oficial de los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía.
La entrada al Museo se logra por la verja de acceso a la calle de las Victorias
que separa los dos históricos edificios: Panteón y Carlos III.
La visita comienza en un amplio zaguán, donde en una lápida se detallan las
distintas dependencias que albergó el edificio y en un cuadro se exhibe el
documento original del decreto de su creación. Desde ahí se accede a la Sala
de Arqueología Submarina y al resto del edificio.
En la Sala de Arqueología Submarina encontramos varias piezas de un gran valor
histórico, como una vasija neolítica que domina la vitrina del fondo de la
Sala, fiel representante de la cerámica camponiforme, un cañón de bronce del
reino de Nápoles, de 1691, en perfecto estado de conservación y con características
muy peculiares. Además de estas piezas destacadas, una profusión de objetos
nos recuerdan que la mar, como una madre, todo lo guarda y todo lo recuerda.
La Sala de Exvotos Marineros rodea el Patio Central; en ella se exhibe una
colección de exvotos de la provincia de Cádiz, todos de gran belleza y
cargados de simbolismo.
La Sala Folclórica, memoria histórica de la Zona Marítima del Estrecho,
muestra, además del antiguo reloj de 1791 de la iglesia de Nuestra Señora del
Rosario en la Carraca, una Manuela, coche de caballos, antiguamente usado como
vehículo oficial por los Comandantes Directores de ciertas dependencias, como
el Cuartel de Instrucción del cual proviene ésta. Otras piezas interesantes
son el cañón y armón usados para transportar los restos mortales de los
marinos ilustres al Panteón.
La Sala de Objetos Religiosos recoge una valiosa muestra de altares portátiles,
procedentes del desguace de buques, pinturas, grabados e imágenes religiosas,
entre las que cabe destacar un exvoto de 1760 constituido por la imagen de la
Virgen del Rosario de Cádiz, Patrona de la Armada hasta que en 1901 se declara
oficialmente el patronazgo de Nuestra Señora del Carmen. La sala se remata con
vestimentas sacerdotales y un cuadro de guarda corporales y manípulos con los
distintos colores litúrgicos, todos de la misma procedencia.
En un patio descubierto se encuentra la Sala de Maniobra dedicada a motonería,
estachas, útiles de carpinteros, herreros y veleros. Destaca el primer mascarón
de proa que llevó el buque escuela Juan Sebastián Elcano, representa una dama
con el escudo de España a sus pies, restaurado en sus colores primitivos.
Flanqueando la entrada hay dos máquinas de coser de principios de siglo, las
que empleaban los maestros veleros del Arsenal de la Carraca para confeccionar
velas y calzado. Anexo a esta Sala está la Sala de Electricidad y Electrónica
con una muestra de los elementos eléctricos y electrónicos a lo largo de su
corta historia.
El patio central del edificio merece especial
atención, por cualquiera de las dos escaleras de espiral que lo circundan se
accede a la Rotonda de la planta principal, desde la cual lo podremos observar
en todo su esplendor el remate de su montera de cristales sostenida por ocho
columnas jónicas y sus paredes cubiertas de azulejos de Delft (Holanda) del
siglo XVIII. La Rotonda constituye la Sala IX y en ella se exponen banderas de
este siglo que termina, destacando la de la Milicia Cívica de San Fernando de
1936, la del Departamento Marítimo de Cádiz desde 1953 hasta 1984 y otras
banderas de combate procedentes del desguace de buques. Asimismo, los guiones
personales de los últimos Jefes del Estado español: Niceto Alcalá Zamora,
General Francisco Franco y el Rey Don Juan Carlos I. Rematan la sala tres
modelos de buques del XVIII.
Las salas X, XI, XII y XIII, antaño dormitorios de la anterior Escuela Naval
Militar, albergan recuerdos de nuestro pasado inmediato y presente temáticamente
diferenciados. La primera dedicada a uniformes, recuerdos, condecoraciones,
miniaturas militares y vajillas de barcos –destaca el plato de la vajilla de
porcelana de Pasajes, utilizado en el banquete dado en honor a Isabel II en la
inauguración del Museo Naval de Madrid–. Esta misma sala recoge recuerdos de
la guerra de Cuba y del CC. Janer, impulsor del Tiro Naval. La siguiente está
dedicada al Buque Escuela Juan Sebastián Elcano, Arsenal de la Carraca y
Escuela de Suboficiales.
Del primero destacan la colección de los
recuerdos de sus viajes, itinerario de sus cruceros, memoria del personaje histórico
que le da nombre al buque, y de su gesta, la primera circunnavegación. El
primer Arsenal del Rey queda representado con varias maquetas y una copia de
Valentín Díaz del óleo de Monleón que representa la defensa de la Carraca
frente a los insurrectos cantonales de 1873.
Las salas más a levante según la orientación del edificio son la XII y la
XIII. Una de las paredes de la primera está cubierta por un enorme cuadro
cronológico de la historia de nuestra Armada, desde sus comienzos con las
Marinas de Castilla y Aragón hasta nuestros días. El resto de la sala lo ocupa
un facsímil de la famosa carta de Juan de la Cosa, otras cartas del siglo
XVIII, reproducciones de óleos de marinos de nuestra ilustración, un modelo de
la nao Santa María y una reproducción de un fanal de galera turca, apresada
por Álvaro de Bazán en la batalla de Lepanto. La segunda de estas salas está
dedicada al armamento en general; en ella se exhiben muestras de armas blancas
de distintas épocas y procedencias, fusilería, balística y Tiro Naval, una
reproducción de un cañón a bordo, del siglo XVII, con su equipamiento y una
galería de retratos de Generales de Artillería.
La Sala XIV está dedicada fundamentalmente a modelos navales de buques de vela,
galeones, bergantines y navíos de los siglos XVII y XVIII, destacando la
reproducción a escala del tajamar del navío rey Francisco de Asís, un modelo
de mascarón del XVIII representando un piloto con su cuadrante y una completa
colección de barcos de todas las épocas, tallada sobre madera de guayacán por
José Belmonte, donante de la misma.