EL REAL OBSERVATORIO DE LA ARMADA

                                                  

 

                                   EL REAL OBSERVATORIO DE LA ARMADA

 

l Real Observatorio fue fundado en Cádiz aunque traslado posteriormente a San Fernando de forma que a lo largo de los años se ha convertido en un referente de la historia de la ciudad. El edificio neoclásico, ahora apenas visible por las edificaciones que se han ido asentando en los alrededores, es un ejemplo de arquitectura de la época, sobrio y austero, trazado en 1791 por Gaspar de Molina y Zaldivar, Marqués de Ureña. La primera piedra se colocó el 3 de octubre de 1793 y entró en funcionamiento en 1797.

Sin embargo, de la planta original que trazó el Marqués de Ureña queda muy poco en la actualidad, ya que se llevaron a cabo importantes modificaciones y reformas, como las llevada a cabo por el propio Gaspar de Molina una vez que el edificio estaba terminado, en 1798, más las proyectadas por los arquitectos Torcuato José Benjumeda o José Antonio Laveaga. La última y mayor de las transformaciones se realizó en 1857, modificándose su planta cruciforme en rectangular, como es en la actualidad. En realidad, sólo la fachada principal mantiene el pórtico y la misma configuración que diseñó el Marqués de Ureña, aunque ha perdido el tercer piso y la cúpula primitiva, mientras que la cúpula actual se levanta sobre lo que era el segundo piso. Ya en el siglo XIX se realizó la ampliación de los dos salones meridianos de los que sólo perdura el oriental.

Independientemente de la planta, una de las dos grandes joyas que guarda el Real Observatorio de Marina de San Fernando es su colección de instrumentos astronómicos, compuesta fundamentalmente por ejemplares fabricados en los siglos XVIII y XIX con un total de setenta piezas que se exponen por todo el edificio.

La cámara fotográfica Baker-Nunn, de mediados del siglo XX; los péndulos astronómicos fechados en los siglos XVIII y XIX; barómetros; instrumentos meridianos como el sextante de Stancliffe, un cuarto de círculo de Sisson o un anteojo acromático Dollond, los tres del siglo XIX, además de un sextante Villavicencio, del mismo siglo. Aunque en realidad, todas las salas son un museo donde se pueden ver instrumentos de todo tipo y a cual más interesante y valioso.

La otra joya son los incunables de la biblioteca del centro, cuatro ejemplares que se encuentran expuestos en la sala central de la planta alta del edificio. El más antiguo de estos incunables se titula Introductorium in astronomía, del árabe Albumasar, que fue editado en 1489 por el famoso editor Erhard Ratdolt en su imprenta de Augsburgo. De 1495 es la obra Tabularum Ioannis Blanchini canones, de Juan Blanchini o Bianchini, autor italiano del siglo XV, único coetáneo con la publicación.

La obra Naturae historiarum libri. XXXVII pertenece al célebre historiador latino Plinio El Viejo (23-79), mientras que el último de los incunables, de 1499, se titula Astronomi veteres apud Aldum y es una relación de ocho obras clásicas relacionadas con la astronomía y astrología. Esta obra fue editada por el gran humanista italiano, impresor y editor, Aldo Manuzio.

Orígenes:Los orígenes del Real Instituto y Observatorio de la Armada en San Fernando, el observatorio astronómico más antiguo de España, se remontan al siglo XVIII. Jorge Juan, Capitán de la Compañía de Guardias Marinas desde 1751, propuso al Marqués de la Ensenada la idea de instalar un observatorio en el Castillo de la Villa (Cádiz), sede de la Academia de Guardias Marinas. Con ello se pretendía que los futuros oficiales de la Marina aprendiesen y dominasen una ciencia tan necesaria para la navegación como era entonces la astronomía.

Desde 1753, el entonces Real Observatorio de Cádiz fue ganando un merecido prestigio en el contexto astronómico europeo, gracias a los importantes trabajos desarrollados por personajes como Luis Godin o Vicente Tofiño y al apoyo técnico y científico prestado a las expediciones ilustradas.

En 1798, el Observatorio fue trasladado a la Isla de León, donde había sido construido, según los planos del Marqués de Ureña, el magnífico edificio que ha llegado hasta la actualidad. A partir de 1804, desaparece la dependencia orgánica de la Academia de Guardias Marinas y la andadura científica de la institución a lo largo del nuevo siglo, está marcada por personajes tan conocidos como José Sánchez Cerquero o Cecilio Pujazón. A sus tareas astronómicas se fueron añadiendo misiones tan importantes para la Armada y para la ciencia española, como el cálculo de las efemérides y la publicación del Almanaque Náutico, el Curso de Estudios Superiores, el Depósito de Cronómetros e Instrumentos de la Marina y las observaciones meteorológicas, magnéticas y sísmicas.