A pesar de los años que llevo en Andalucía

A pesar de los años que llevo en Andalucía:, no conocía el panteón de marinos ilustres en San Fernando (Cádiz). Y es que con las poblaciones cercanas a las capitales, como Car-mona, de Sevilla, y San Femando, de Cádiz —que las atraviesa la carretera general— ocurre siempre lo mismo: que se pasa una y cien veces de largo. Hasta que un día decide uno adentrarse por sus calles y plazas para quedar pasmado ante los monumentos y obras de arte.

A muchas leguas. San Femando se multiplica en el espejo roto de la marisma y de los esteros. Sus azoteas y terrazos, en una masa compacta blanca, se alzan como queriendo que se la divise desde Puerto Real, Chiclana o los caños de Santi Petri. El cielo, el mar, la sal en pirámides —esa sal que está fuera y brilla para adentro—, se conjuran para convertir a. la ciudad en un fanal, en una cúpula" de luz con el brillo de innumerables cristales. Y, también, para herir los ojos. "Salada claridad" que escribió Machado y que mejor que a Cádiz conviene y cuadra a San Fernando.

Aunque sea conocido el prestigio marino de San Femando. hay que ascender por sus calles rectas para admirar lo que se llama Población Militar de San Carlos, mandada construir para  la Marina Real por el Rey don Carlos III y que comprendía: iglesia", casa del capitán general, Intendencia, Tesorería, Contaduría, Cuartel y Academia de Guardias marinas, Cuartel de Brigadas, Academia de Pilotos, Hospital y dos cuarteles más para las tropas de Batallones de Marina-Muchas vicisitudes registró hasta su feliz coronación el empeño de Carlos III. Los trabajos fueron lentos, interrumpidos en 1805 con motivo de la guerra contra Inglaterra y reanudados después en 1850. Si bien todo quedó construido en forma de edificio —y eso acusa la patina del -tiempo—, hubo que esperar hasta 1958 para que quedara definitivamente cubierto.

El acceso al panteón no es por su fachada" que da frente a la plaza de Armas de Guardias Marinas de la Escuela de Suboficiales y que ostenta en la portada la: inscripción de Todos estos que alcanzaron la gloria mientras vivieron, entre los suyos y sus días son celebrados, sino por su parte posterior. Tanto mejor, porque la ambientación no puede ser mas apropiada. Bajo una inmensa cúpula con alusiones a las gestas marinas sorprende a la primera un espacioso estanque de agua, rodeada con una gran corona en su superficie de preciosos y magníficos mármoles.

"Un templo que en tal Colegio recibiese digno ejemplo y retribuyese justo culto" es admirable. En ambas naves laterales se suceden los mausoleos —verdaderas obras de arte— en número de 40, conteniendo los restos de almirantes, contraalmirantes, jefes de Escuadra, capitanes de navío, alféreces, desde el siglo XVII hasta nuestros días.

Repaso los apellidos vascos de don. Ángel Laborde, Ignacio Mendizabal, José de Esguerra, José Manuel Goicoa, Rosendo Porlier y Asteguieta, Joaquín Zarauz, Ignacio María de Alava, Zenón de Somodevilla: y Bengoechea.

El panteón no sólo es lo que dice alguna inscripción en latín con versión al castellano:

"Los que surcaron todos los mares vienen a encerrarse en estos monumentos pagando el tributo debido a la muerte; pero mostrándose como abanderados del valor, de la audacia y de la cultura a todas las potencias marítimas",

sino también recordatorio y museo:

"Aquí se eternizan con carácter indeleble y gloria- inenarrable la: piedad y el patriotismo y demás excelsos merecimientos de los celebérrimos jefes de la Armada para gloria del nombre español".

Placas de mármol, a la: memoria: de los que fueron arrebatados en los avalares de los combates y del mar: de Cosme Damián Churruca (Motrico 1761  Traíalgar 1805), de Magallanes, de Juan Díaz de Salís, de Elcano, etc., etc.

En varias salas podemos ver reproducciones de campañas navales, cartas marinas, retratos, libros, armas, astrolabios, mascaras de proas, pequeños cañones.

Me llama la atención una reproducción antigua de Blas de Lezo (1687-1741). Y antes de salir me entretengo en el recuerdo de Antonio de Oquendo, en su escudo de armas, bandera, una litografía de la armada de Oquendo contra los holandeses (1619-1631), y pienso en ese mar peligroso y salvaje de las costas cantábricas que Hipólito Taine escribió así: "de olas ásperas, especie de piel en movimiento, que se agita estremecida por una: fiebre interior".

Bibliografía: Vascos en Cádiz (siglo XVII-XVIII)

Autor: José Garmendia Arruebarrena