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EL HISTÓRICO PUENTE ZUAZO

 por Antonio Foncubierta Martínez.....

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      El origen de este puente no está lo suficientemente claro; existen muchas hipótesis sobre su construcción, a pesar de lo cual la fecha debe ser muy antigua. Durante los siglos XIII al XV se realizaron obras para su reparación, con lo que se desprende que su construcción debió de ser muchísimo antes. Sabido es que en esos años no era como ahora, que antes de terminar una obra estatal ya se está librando el presupuesto para su reparación. La historia de La Isla cita que en el siglo XV Juan II, Rey de Castilla, le concedió a D. Juan Sánchez de Zuazo el «Señorío del Castillo y Logar de la Puente».
     En este siglo, recogido en un documento de los Zuazo, se dice que la principal renta de la familia era la de «una barca que podría utilizar los pilares del puente como amarres».
     En el siglo XVI se realizan reformas de carácter arquitectónico sobre los restos que existían y que pertenecían a épocas anteriores.
     La reconstrucción de este puente fue objeto de muchos proyectos; el primer arquitecto al que se le encargó fue Alonso Rodríguez, Maestro Mayor de fábrica de la Catedral de Sevilla. Posteriormente se le encargó a Benedicto de Rávena y, finalmente, a los hermanos Guillisasti, quienes trabajaron en la obra durante la segunda mitad del siglo XVI.
     Este puente tuvo una gran importancia topográfica, puesto que era paso único y seguro entre la Isla y el Continente; debido a esa importancia se vio favorecido por la aplicación de un impuesto especial sobre las mercancías que se cargaban con rumbo a América en el puerto gaditano. La aplicación de este impuesto estaba destinada a sufragar los gastos originados por su reconstrucción, que fueron elevados, ya que se termino por ejecutar un puente nuevo de dimensiones poco usuales para el momento de su edificación.
     Esto viene a demostrar que la importancia que el puerto marítimo de Cádiz tuvo en el siglo XVI se debió, en gran parte, a la existencia del puente Zuazo, por ser lugar obligado de paso de las mercancías que procedente del Continente se embarcaban rumbo a las Américas.
     A finales del siglo XVI, Luis Bravo de Laguna hace un detallado informe sobre Cádiz y sus fortificaciones, haciendo mención especial al Puente de Zuazo como nexo de unión de La Isla con tierra firme, analizando la propuesta de levantar una torre no muy alta, capaz de resistir a las baterías de las galeras enemigas que pudieran venir por el río San Pedro
     Hacia el 1580 otro Ingeniero, Fratín, se ocupó del reparto y fortificación de este puente, haciendo la traza de un fuerte para su defensa, ordenándole a Diego de Benavides que hiciera este fuerte con el dinero procedente del l% sobre las mercancías. O sea, que un porcentaje del dinero que entraba en la ciudad era empleado en obras que beneficiaban a la misma. Hay que ver cómo cambian los tiempos. Todo lo contrario de lo que ocurre ahora.
     En 1592 se encontraban realizadas casi en su totalidad las obras de reparación proyectadas, tal  como era deseo de Felipe II que lo había ordenado al Duque de Medina Sidonia. Y es en este año cuando se emprende la construcción del arco principal de dicho puente.
     Tras el asalto anglo-holandés de 1596, se pudo comprobar cómo el puente de Zuazo sirvió para poder paliar, en cierta medida, el grave daño efectuado a la ciudad de Cádiz. Por esta razón, Pedro de Velasco consideraba perentorio levantar dos fuertes, uno mirando a la parte de Cádiz y otro mirando a tierra firme. Uno estaba destinado a impedir que el enemigo pudiera tomar el puente. El otro serviría para facilitar la entrada de los socorros provenientes de las localidades vecinas.
     En el siglo XVII, y mas concretamente en 1605, el puente de Zuazo estaba totalmente fortificado, con una cortina y dos caballeros, y un foso de mas de 200 pies de ancho. Existían dos baterías en la cabecera del puente, la de la parte del continente poseía un puente levadizo que después se transformó en rastrillo. La fortificación del lado del Continente tenia planta rectangular y la del lado de la Isla la tenia estrellada, completados con un revellín y barbacana muy bajas de cañones.
     La fortificación más separada del puente era la denominada del Portazgo, a orillas del caño Zurraque, en cuyas inmediaciones se levanta el Arrecife (Ventorrillo del Corral), que contaba con un pequeño foso y puente levadizo
     Defendiendo los flancos de las baterías del puente, existían dos baluartes, el de San Pedro y el de San Pablo que estaban dotados de cuerpos de guardias y almacenes para la munición.
     A la derecha e izquierda de la actual carretera, y situados más próximos al puente, se encontraban los baluartes de Daoiz y Velarde, de similares características a los anteriores, enclavados en las salinas de Santa Teresa y Santa Ana.
     En estas marismas y sus alrededores fueron detenidas las tropas francesas que quisieron invadir la zona, en el siglo XIX. En este histórico puente las Brigadas de Artillería e Infantería Real de Marina y Fuerzas Navales y del Ejercito, sin olvidar a un sin fin de voluntarios civiles lugareños, al mando de Don Diego de Alvear y Ponce de León, rechazaron los ataques del Ejercito Francés durante más de 30 meses, concretamente desde el 10 de febrero de 1810 al 25 de agosto de 1812, siendo el último baluarte de la Independencia Española. Por esta sobrada razón, este punto histórico se considera de gran trascendencia en toda la Bahía. A nadie se le ha ocurrido pensar ¿qué hubiera sido de España si hubieran pasado las tropas de Napoleón?     Mucho nos debe la Historia a los isleños como para que ahora los políticos en el poder nos nieguen lo que pedimos.
     Junto al Puente todavía existen unas baterías que se han conservado, en su mayoría, intactas.

Nota aclaratoria.-
    Los datos ofrecidos no proceden de estudios históricos, ni mucho menos. Han sido recopilaciones obtenidas como consecuencia de ser, actualmente, copropietario de esos terrenos, situados concretamente a la espalda del Restaurante «El Inesperado».
     Al comunicarnos la Dirección General de Bienes Culturales, dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, que nuestros terrenos estaban incluidos en el Catalogo General del Patrimonio Histórico Andaluz con la categoría de Sitio Histórico, me he visto obligado, cuando menos, a comprobar si era cierto lo que la Administración nos dice, y, aunque económicamente me hayan dado un palo, como cañaílla me encuentro muy orgulloso de ser uno de los propietarios de esos terrenos donde quedó claro que «De la Isla de León no pasó Napoleón»  Y que se le vaya quitando de la cabeza a los Ayuntamientos de San Fernando y de Puerto Real la idea conjunta que tienen de hacer un Parque Temático en esos históricos terrenos. Por seguro que, entonces, los actuales propietarios emularemos a nuestros antepasados y haremos lo mismo que ellos hicieron con las tropas napoleónicas, el sitio, no cabe duda, conserva la solera de la lucha entre David y Goliat. Aunque, lógicamente, en estos tiempos, no será a bayoneta calada. Tendrá que ser en el T.S.J.A., donde, precisamente, uno de los municipios citados, últimamente, no tiene mucha credibilidad que digamos y ya ha recibido más de un fallo en contra de ese alto Organismo Judicial.