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14-6-1808. RENDICIÓN DE LA FLOTA FRANCESA EN CÁDIZ

Muerto alevosamente el desgraciado general Solano, gobernador de Cádiz, por infundadas y calumniosas sospechas de traidor, en la conmoción popular que estalló en dicha ciudad al recibirse la noticia del alzamiento de Sevilla, le sustituyó en el mando el general de artillería D. Tomás de Morlá, quien trato de conseguir por tratos y gestiones amistosas la entrega de la escuadra francesa surta en la bahía, cuya bandera, tenida ya por enemiga, deseaba el pueblo verla arriada. Componían dicha escuadra, restos de la destruida en Trafalgar, los navíos Héroe, Neptune, Venceteur, Plutón y Algeciras, así como la fragata Cornelia, y estaba mandada por el vicealmirante Rosilly, habiéndose refugiado en Cádiz, después de dicha derrota, donde permanecía desde entonces bloqueada por la escuadra inglesa. El 30 de mayo se hizo a Rosilly la primera intimación, y temiendo aquel se rompiesen las hostilidades, se metió con sus buques en el canal de La Carraca a cubierto del fuego de los castillos. Prolongáronse las pláticas hasta el 9 de junio, día en que, habiendo ido en aumento la efervescencia popular, se rompió el fuego por una batería construida en el caño del Trocadero con la artillería de Fort-Luís; como también las que se habían levantado en el arsenal de La Carraca y punta de la Cantera, sostenido de igual modo por las fuerzas sutiles del arsenal y las del apostadero, que fueron a fondear frente a Fort-Luís. Contestaron los franceses a la agresión, consiguiendo desmontar la batería de morteros de la Cantera, que era la que más les ofendía, echar a pique una cañonera y un místico, e inutilizar algunos otros barcos, si bien con escasa pérdida de una y otra parte. El fuego continuó el día 10, en que a las tres de la tarde izó el almirante Rosilly bandera española en el trinquete del navío Héroe, que montaba, afirmando la de parlamento el navío Príncipe, a cuyo bordo estaba D. Juan Ruíz de Apodaca, comandante de la escuadra española. Abriéronse nuevas conferencias, y siendo inadmisibles las proposiciones del almirante francés, pues Morlá no admitía más que la pura y simple entrega, a las siete de la mañana del 14 arboló el navío español Príncipe bandera de fuego, a cuya vista, convencido Rosilly de que no podría resistir mucho tiempo ante los medios acumulados por los españoles para abrumarle con sus fuegos, se rindió a discreción.